Interview with Jessica: Traveling with the Green Backpack

We think conversation is one of the most fun parts of language learning. On Thursdays, we switch languages and ask each other questions to learn more about Tuesday’s topic. Today, Rober interviews Jessica about her travels with her backpack. You can read Jessica’s original post in our artifact series here.

Rober: You say in your post that you like to be mobile and be able to change your mind when you are traveling, do you usually plan your trips thoroughly, or do you like to improvise on the go?

Jessica: Usually a combination. I have learned over time that at least like to know where I’m sleeping the first night. We’ve ended up arriving, jet-lagged, and having to walk around for a couple of hours figuring that out. Jacob and I usually make a map on our phones of places we want to see and then when we have free time, we look to see what is nearby. That allows us to not have to plan out every day, but also to group things together and minimize travel time. I once read an article by someone who said she just tries to plan one thing a day. I have no idea where that was, but we sort of keep that in mind as a guideline and it’s ends up being about the right pace–we visit one museum or famous park and then have plenty of time for wandering around and trying new foods and drinking coffee in different places. 20170202_162706.jpg

One of our favorite things to do is find a cafe and spend the afternoon reading. Some of my favorite travel memories are from low key days like this.

R: What did your journey around the world consist of?

J: It was kind of a strange trip because we bought plane tickets that were mistakenly priced. So we ended up with tickets from New York City to Milan and Prague to Tokyo for less than $200 a person, but since it was a mistake fair, we had to jump on it and buy them the night we saw them. When the trip came, we flew from San Francisco to New York and visited some friends there. We spent a couple of days in Milan, met up with a friend of a friend who took us around some small towns in Northern Italy and then spent a few days in Venice. From there, we took an overnight train to Prague, where we spent about 24 hours before flying to Japan. Japan was the most relaxed part of the trip because we had a whole week. So we spent some time in Tokyo and took a train to a remote town with hot springs to spend the night. From there, we completed our loop by flying across the Pacific Ocean back to San Francisco.

Even though it is touristy, we enjoyed wandering around the less packed parts of Venice without a plan.

R: And your backpacking trip in Oregon?

J: Oregon is where I’ve done the majority of my backpacking. The trip I mentioned in my posts was one we did when our original plans didn’t work out. We hit snow on our first night, which we weren’t prepared for, so  we ended up hiking along the middle fork of the Willamette River instead. We’ve done a couple of Oregon backpacking trips with our friends Molly and Carl. The first one was Eagle Creek and, was, in some ways my favorite backpacking format. The first day, we gained 6000 feet of elevation in a couple of hours, which was terrible, but the next day we hiked mostly level ground along the Pacific Crest trail and then descended, the third day along Eagle Creek, which is full of waterfalls. We’ve also done a pseudo backpacking trip with them where we drove to and camped near the trailhead and then did an all day day hike along Obsidian Trail, which we decided checked all of our boxes with mountain vistas, wildflower meadows, streams, lakes, and obsidian. It was an incredible hike.

A meadow along the Obsidian Trail near Sisters, Oregon

R: Have you traveled as a backpacker any other times? Do you like this way of traveling?

J: I haven’t really traveled overseas as a backpacker since we usually have a hotel or Airbnb instead of camping. I think it would be interesting to do a backpacking trip in the Alps, or New Zealand or Japan. I guess the way I might be inclined to do that would be to pack backpacking gear in a checked bag and then travel from a destination in another country, rather than packing the backpacks with tents and everything at home. There are a lot of places I would like to backpack in the U.S. and I imagine we’ll do a lot more of that now that we’re in Montana and nature is more readily accessible. To answer the second question, I do like it, but we go infrequently enough that it is always a little bit of an ordeal to get organized, things like making sure the first aid kit is stocked, and we have enough food for every day.

Morning coffee at an alpine lake in the Eastern Sierras

R: What destinations have you and your backpack visited together this year?

J: This year my backpack and I have been adventuring in U.S.– to New York City early in the year, New Orleans in June, San Diego, Los Angeles, and Chicago in October, and San Francisco several times throughout. My backpack had a pretty big role in the New Orleans trip because we spent a week there and then a week in San Francisco without going home, so I was packing for very different climates. New Orleans is hot and humid by then and San Francisco can be pretty chilly in the summer, so I was glad for how much I could fit into my bag. It’s always nice though to be able to keep the backpack in carry on and then hop right off the plane and onto public transit.



La Mochila Viajera

Fui a San Francisco la semana pasada. Jacob ya estaba allí y cogí el metro desde el aeropuerto para encontrarme con él. Viajaba con mis maletas habituales: una bolsa pequeña que puedo poner debajo del asiento y mi mochila fiel, la única cosa que ha viajado conmigo a casi todos mis destinos en los últimos diez años.

Después de leer el post de Rober sobre su guitarra con firmas, era mi turno y no sabía sobre qué objeto especial escribir. Pregunté a Jacob por sugerencias. Me dió unas ideas, “pero es difícil,” me dijo. “No guardas muchas cosas.”

Apenas cupe por este callejón en Venecia.

Cuando llegué a San Francisco, tenía que ir al centro, que estaba más allá de nuestro alojamiento, porque Jacob tenía ambas llaves. Me costó más tiempo de lo que esperaba y también queríamos ir a una clase de lindy hop. Pero no me daba tiempo a ir al apartamento y volver a la hora de la clase. No hubiera podido llegar con una maleta muy aparatosa, porque había que caminar un poco, pero con mi mochila con hebilla en la cintura, no hubo ningún problema. Fuimos a la clase y después a otro barrio para cenar, y finalmente al alojamiento, todo el trayecto andando.

La mañana siguiente, me senté para escribir mi post. Todavía no tenía una idea clara. Pero entonces, mis ojos fueron a parar a mi mochila que estaba en el suelo, la misma mochila que había llevado a la ciudad.

first trip
El primer viaje de la mochila.

Mi mochila ha estado conmigo tanto en viajes a la naturaleza como a grandes ciudades, también en mi primer viaje al extranjero, cuando literalmente volamos alrededor del mundo. Lo que me encanta de esta mochila está relacionado con mi motivación de no cargar con muchas cosas que no uso durante los viajes. Tengo movilidad y puedo cambiar de dirección en cualquier momento. Es algo que suelo poner en práctica en los viajes y también en la vida real.

La mochila es una maravilla de diseño, con hebillas y correas para hacerla más compacta. La compré para hacer un viaje como mochilera en Oregon, hace ya más de diez años. Se ajustaba perfectamente a mis caderas y no tenía que hacer ningún esfuerzo para llevarla. Bueno, hasta que llegaron las ascensiones a la montaña.

Desde entonces, con unas pocas excepciones, la mochila ha estado conmigo cada vez he ido a la montaña y también cuando he ido a algún lugar en avión. Estaba allí cuando llegamos una tarde a Copenhague después de un vuelo largo. No pudimos contactar con nuestra anfitriona de Airbnb y tuvimos que caminar durante varias horas buscando un alojamiento.

Una gira por los canales de Copenhague.

La mochila también estaba allí cuando me puse enferma del estómago durante un viaje de senderismo a las montañas, cerca de Yosemite. Después de pasar toda la noche vomitando, apenas podía reunir la energía suficiente para caminar, y mucho menos para llevar la mochila. Estábamos lejos del coche, así que Jacob caminó durante más de 3 kilómetros solo para llegar hasta el camino más próximo. Entonces, yo dormí con la mochila como almohada durante todo el día mientras que él fue a por el coche.

Unas horas antes de ponerme enferma en las Sierras del este de California.

Una vez, perdí mi mochila en un autobús de camino a la graduación de mi hermana. Estaba en la parte de abajo del autobús con las otras maletas y no sé qué ocurrió, pero no estaba allí cuando fui a buscarla. Apareció unos días después y lo primero que hice fue buscar la ropa que tenía adentro, feliz como el día de la navidad después de pensar que la había perdido para siempre. Pero en retrospectiva, mientras que ya no recuerdo ni tengo ninguna de esas prendas, la mochila es todavía una constante. Espero que en el futuro venga conmigo a muchos viajes, siempre llena de cosas que probablemente pierda y otras de las que seguro me olvido después de un tiempo.


Entrevista a Rober: la Guitarra de Cuba y Otros Recuerdos

Pensamos que la conversación es una de las partes más divertidas del aprendizaje de un idioma. Los jueves (en esta ocasión el viernes) los dedicamos a realizar una entrevista sobre el post del martes anterior. Jessica preguntó a Rober en relación con su guitarra llena de firmas y de recuerdos . Puedes leer el artículo en inglés que escribió Rober, The Guitar that Knows Stories: an Artifact from my Trip to Cuba.

Jessica ¿Tienes objetos de tu niñez o de generaciones anteriores?

Rober: No guardo muchas cosas de cuando era pequeño, la verdad. A veces oigo a gente que dice que todavía guarda los juguetes de la niñez, pero no es mi caso para nada. Creo que mi hermano y yo éramos lo suficientemente traviesos como para que no quede nada de aquella época, no se ni siquiera si a nuestra hermana pequeña heredaría alguno de nuestros juguetes. Tal vez esté por casa de mis padres un circuito de Scalextric y varios coches que teníamos y que nos gustaban mucho.

J: ¿Son de músicos la mayoría de las firmas de tu guitarra? ¿Quién más la ha firmado?

R: Hay de todo, es cierto que varias de las firmas son de músicos con los que he coincidido en algún viaje o en alguna fiesta, pero yo diría que la mayoría de las firmas pertenecen a personas que no son músicos, sino a amigos o a personas que conocí, a veces solo durante un rato y que ya no he vuelto a ver. Incluso hay firmas ilegibles o que no recuerdo a quién pertenecen. También hay unas cuantas de niños que conozco que quisieron firmar cuando vieron la guitarra llena de firmas.

Parte trasera de la guitarra

J: ¿Te gusta comprar o encontrar objetos o recuerdos de tus viajes?

R: Sí, me gusta tener algo que me recuerde a un viaje o a algo que hice durante el viaje. A veces es algo que compras, pero no siempre. Además no siempre ocurre que encuentres algo que te guste y que te quieras llevar como souvenir. De algunos viajes me he traído cosas que no son materiales, por ejemplo canciones que no conocía y que las descubrí estando de viaje y ahora me recuerdan a ese lugar. O también recetas o ingredientes que antes no utilizaba.

Souvenir de artesanía de China

J: ¿Todavía tiene Vicente su guitarra? ¿Alguna vez las habéis vuelto a reunir?

R: Sí, por supuesto que la tiene y por supuesto que las hemos juntado muchas más veces. Por ejemplo en el Camino de Santiago (Way of Saint James). Nos fuímos 7 amigos con las 2 guitarras, una flauta y un cajón flamenco desmontable, que por cierto lo compramos entre los 7 exclusivamente para ese viaje y lo sorteamos el último día, ¡y me tocó a mí! También está lleno de firmas de la gente de muchas partes del mundo que conocimos durante esa semana. En cuanto a las guitarras, cuando vamos todos los amigos a comer juntos o hay algún cumpleaños o algo así, nos preguntamos Vicente “Gypsy” y yo, ¿nos echamos las guitarras de Cuba? Y la respuesta es casi siempre afirmativa.

Las 2 guitarras en 2017

J: ¿Qué más nos puedes contar sobre la experiencia de tocar música con la gente que conoces en tus viajes?

R: Creo que es uno de esos momentos en los que más disfrutas tocando, porque no hay nada preparado y no sabes qué va a ocurrir. No sabes que canciones conocen los otros músicos ni cómo tocan. Pero a veces hay magia. No siempre, pero sí muchas veces. En el Camino de Santiago coincidimos con más gente que llevaba o tocaba instrumentos. Un día, después de terminar nuestra ruta de 45 kilómetros en bici, llegamos al albergue y nos pusimos a tocar. De repente empezó a aparecer gente que tocaba o cantaba algo, y también gente que quería unirse a la fiesta. Una chica francesa y su madre aparecieron con un ukelele, otra chica de Brasil que sabía tocar la guitarra y cantar bastante bien. También había personas de otros países como Santo Domingo o Italia. Creo que fue una tarde que todos recordaremos durante mucho tiempo, yo por lo menos.

Cuando Italia, Brasil, Francia y España nos reunimos a improvisar en un albergue del Camino de Santiago

The Guitar that Knows Stories: an Artifact from my Trip to Cuba

Every once in a while, somebody asks me how much a guitar costs, and I always think of my $30 guitar. Obviously this isn’t the usual price for a guitar. And while it’s not all that valuable as far as money is concerned, to me, it’s much more precious.

In 2008, I was playing in my former band, Hambre de Rumba. After seeing the documentary Buena Vista Social Club by Wim Wenders, in which Ry Cooder travels to Cuba to record an album with some veteran Cuban musicians, my band mates and I, along with a few other friends, decided to travel to Havana to discover some secrets of an awesome type of music called Son Cubano.

When everything was almost ready for the trip, someone said, “Are we going to bring our instruments?”

“Of course!” responded the rest of the group.

And that was how my friend, Vicente (AKA “Gypsy”), and I decided to buy cheap guitars before leaving Spain. Our usual instruments are too expensive to risk ruining them on a leisure trip like this. We had no idea how great a choice this would turn out to be.IMG-20170520-WA0019

Our “Cuban guitars” do not have varnish, so we took advantage of that fact and asked the people we met to sign the wood. Since that trip, there have been many more signatures, and not only in Cuba. I like to say that it is a wandering guitar, because while I use my good guitar for rehearsals and shows, this is the one I take to private parties with friends.

This artifact knows several stories. It knows Rafael’s story, a man from Havana who worked as a civil servant during the day, and at night came with his guitar to the well-known boardwalk, Malecon, to play and sing with us all night long while we all drank “planchao,” a favorite rum of the locals. Or the story of a bunch of Cubans who knew how to play flamenco, the music of our homeland, better than us Spaniards! We met them at Malecon and we all played together.

Rafael at Malecón

My guitar also knows the story of the time we played at El Callejón de Hamel in Central Havana, an emblematic alley where local people met once or twice a week to play Rumba. And there are stories that happened years after, like in 2017 when six of my friends and I bicycled part of St. James trail with guitars, a flamenco box, and several other instruments packed onto our bikes. This weeklong trip was so much fun and my guitar still remembers how we played in all the hostels where we stopped, and met with people around the world who sang, danced, and played ukelele with us. There are many more stories, even one with a gypsy baptism.

Cuban people playing and singing with my still not signed guitar

From all these adventures, my favorite artifact has signatures from all over Spain, Italy, Bulgaria, France, the Netherlands, Brazil, China, Australia, … and of course Cuba. I get a kick out of the autograph of my friend from Cameroon. I told him to write on the guitar something in his language and he wrote “Hakuna matata.” I just expected something more original.

Warming up before playing at Callejón de Hamel

Maybe this guitar will never play in a big theater or in a great festival. Perhaps it doesn’t sound very good and maybe it has old strings, but I can tell you that I have enjoyed carrying my 30 dollar guitar with me like an old friend. And if someday you and I should meet and this friend of mine is there, please search for a space and sign your name.